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martes, 17 de marzo de 2009

De la sobriedad y otros males

Sufro de ansiedad debido a mi hiperactividad, tengo que estar haciendo algo o si no me aburro terriblemente, eso implica que realice acciones que me ponen en situaciones embarazosas, ridículas, o complicadas. Pero también tengo reacciones inconcientes, manías, taras; una de ellas era “sacarme conejos” (que suenen mis huesos), evolucioné la técnica de tal forma que podía hacer tronar mis articulaciones desde los dedos de los pies hasta la mandíbula (ya abandoné la práctica). El hecho de estar en una fiesta, sea día o noche, celebrando algo, conversar, no bailar, y no hacer nada más que hablar me produce ansiedad, cuestión que hasta hace poco calmaba con el acto inconciente de llevar el vaso a mi boca y tomar lo que haya, normalmente hay licor, por lo que últimamente ya me estaba afectando el no darme cuenta de que el “tic” había progresado. Tampoco es que siempre termine cantando y abrazado de alguien, tirado en el piso, nadando en mi vómito o “meado por los perros”; es más, llego a mi casa solo, parado y conciente. Hago hincapié en algo, no soy un alcohólico anónimo, soy conocido y reconocido.

Hablando en serio, le echo la culpa al contexto, a donde vaya siempre es lo mismo, en las reuniones sociales no falta el trago, cualquier motivo es bueno para meterle cerveza, ron, pisco, vodka, whisky, o todo junto. Es impresionante la cantidad de excusas que uno busca para juntarse a “chupar” ¿me lo van a negar? Nacimientos y velorios, cumpleaños, matrimonios, rompimientos, ilusiones, desilusiones, fútbol, inicio de exámenes, final de exámenes, entrega de notas, primer sueldo, segundo sueldo, despido, primer auto, primer choque, primera infracción por manejar ebrio, cuando te quitan el permiso de conducir por la misma razón, estrés, depresión, alegría, año nuevo, semana santa, fiestas patrias, etc, etc, etc. Ahora me entienden, no es fácil escapar del consumo, no queda libre ningún fin de semana, es simplemente la forma de diversión, al menos en mi contexto.

Bueno pues, decidí controlar mucho mi manía alcohólica, lo increíble fue escuchar quejas a mi decisión, cuando normalmente la gente te apoya y te desea suerte en este tipo de causas relativamente perdidas, muy por el contrario, en mi caso la gente me decía cosas como “tu eres un buen ebrio”, “me caes mejor borracho”, “ahora vas a ser más aburrido”, “¿me estás jodiendo?”, “no nos hagas esto”, “ya no me gustas”, “en verdad te prefiero como eras antes”. Tienen argumentos de peso para decirme eso, realmente estar sobrio es aburridísimo, no lo niego, desde que me puse el límite de 3 cervezas personales como máximo durante toda la noche, veo las cosas de forma distinta, mis comentarios no tienen la misma gracia que antes, me da dolor de cabeza la bulla de los lugares nocturnos, si antes bailaba poco ahora no bailo, y si por ahí de casualidad lo hago no duro más de una canción en la pista, me siento incómodo ahí parado frente a alguien, no me provoca mover el cuerpo como contorsionista, ni siquiera darle vueltas a la chica para ver que tal le queda la minifalda.

Al parecer mi vida amorosa, “gilera”, sexual, de filtreo, etc, murió, desde que vivo sobrio no levanto ni las sábanas de mi cama para dormir. Si de casualidad venzo mi timidez y me acerco a alguien que me atrae no fluye lo que solía fluir, o peor aún, le empiezo a encontrar todos los defectos del mundo, esos que el alcohol borra generosamente para que la reproducción de la especie humana quede asegurada, por último me aburren porque escucho y analizo lo que dicen. Cuando estás ebrio no escuchas, no importa lo que digan, te pueden estar diciendo que alguna vez fue hombre y se operó hace poco pero tu sigues pensando en cómo llevártela al “telo”. Cuando estás ebrio bailas, no sabes ni por qué pero te mueves y hasta te gusta, cuando estás ebrio la desinhibición se hace evidente y le prometes el mar, el cielo y las estrellas, salen palabras lindas de tu boca, todo para llevártela al “telo”. Cuando estas ebrio gastas para embriagarla, eres simpático y gracioso con todas, hasta la defiendes de otros como tú, para llevártela al “telo”. Cuando estás sobrio hablas cosas coherentes y serias, cosa que a las chicas lindas en plan juerga pocas veces les importa. * Nota: esta ley solo aplica en caso de “choque y fuga” o “agarre casual”.

A cambio de eso ya no tengo resaca los fines de semana, aquel cruel castigo de la naturaleza era insoportable, me dan las peores resacas que una persona pueda imaginar, hay momentos en que pido al cielo que me lleve ahí mismo para no seguir sufriendo, no puedo ni dormir para que se me pase, y muchas veces sigo así hasta el lunes. Los domingos en la mañana son bonitos, ya me había olvidado de qué bueno es levantarte y ver el sol resplandeciente sintiendo frescura por la ventana abierta con ganas de un desayuno exagerado y jugos de fruta por todo lado. Tienes familia y ganas de verlos, tienes amigos y ganas de verlos, tienes perro y ganas de verlo, hay fútbol en la tarde y puedes ir al estadio o disfrutarlo en casa sin tener que marearte cada vez que la cámara se mueve rápido. Terminas trabajos o estudios pendientes, se te ocurren cosas nuevas y hasta haces deporte. Todo sería felicidad si no te dieras cuenta de que los demás están resaqueados tirados en su cama, con dolor de cabeza, semi inconcientes, con la endemoniada sed, durmiendo hasta las 3 de la tarde, y sin ganas de que algún idiota sobrio los llame para proponerles salir a correr a la playa, o ir al teatro, o jugar con en el perro en el parque.

Otro problema de estar sobrio es que eres responsable de ti mismo y de los demás, con lo rico que es cuando un ebrio con amigos al lado tiene que preocuparse por no caerse nada más, un sobrio tiene que preocuparse por que no se caigan 6 o 7 personas a la vez, que sus amigas no desaparezcan con algún ebrio despreocupado a algún rincón oscuro, que sus amigos ebrios no pasen vergüenza tratando de levantarse a alguna chica sobria que no le va a hacer caso, o peor aún, controlar que ninguno se escape con alguna chica poco agraciada físicamente y que al día siguiente se de con la sorpresa de estar felizmente comprometido con alguien que se parece a Alejandro Toledo con pelo largo. Evitar que se armen peleas, disculpar a tus amigos que armaron las peleas, recogerlos una vez que han sido golpeados, cuidar billeteras, abrir puertas para que vomiten, contarlos a todos al llegar, dejarlos en donde se deben quedar, por último pagar el taxi porque se gastaron en trago todo lo que tenían.

Así me maldigan por llamar los domingos a las 8 am (disculpen las pobres víctimas) seguiré sobrio por convicción, comodidad, y ganas de seguir vivo (esa resaca me mataría algún día), a pesar de estar aburrido, hacerme cargo de varios, aguantar el vómito de Luchín, gastar más que cuando estoy ebrio, he decidido mantenerme así por mucho tiempo, maldita sea la hora en que dejó de ser divertido el estado etílico.