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jueves, 26 de noviembre de 2009

Lista de quejas contra la sociedad...


Algunas quejas en general

  • Me quejo contra aquel chofer de combi, incluyendo cobrador, que no se digna a parar su vehículo para que suban escolares, ancianos, personas con discapacidad, madres con niños. Malditos indolentes, por eso siguen siendo choferes de combi.
  • Contra aquel taxista que te dice “para allá no voy”, “está muy lejos”, “mucho tráfico a esta hora”. ¿Para qué diablos son taxistas? Se supone que deben transportar a las personas como un servicio privado, por algo no tienen ruta. Por eso siguen siendo taxistas.

  • Me quejo del alcalde de Lima y su basura de Metropolitano que lleva varios años molestándonos la vida, estresándonos con el tráfico que provoca, deformándonos la ciudad (sobre todo Barranco), y siendo una solución poco sostenible. Han jodido tanto para que pasen algunos buses en una sola ruta, van a eliminar varias otras rutas tan necesarias (y odiosas a la vez) y lo peor de todo es que piensa unir Comas con Chorrillos ¿Se habrá puesto a contar cuánta gente va de Comas a Chorrillos todos los días como para hacer esta enorme vía rápida (que con tanto semáforo desde Chorrillos a Barranco será muy lenta, encima de que ha reducido carriles).

  • Me quejo de los que protestan todos los días en el centro de Lima y no saben ya de qué protestan, pero siempre hay marchas y caminan de un lado a otro fregando el tráfico, molestando a la gente, haciendo bulla. Si ese tiempo lo usaran en algo más productivo que gritar “aquí, allá, la lucha continúa” quizás su suerte sería distinta. ¡Busquen trabajo! ¡Hagan empresa! Llevan años quejándose por una pensión de mendigos.

  • Hablando de mendigos, me quejo de ellos, creo que el “apoyo” ya se excedió, si le diera algo a cada uno de los que me viene a pedir un “apoyo” me quedaría sin sueldo. Hay mil formas mejores de hacer marketing que dar pena. Uno ya no se puede sentar tranquilo en ningún parque porque ya ni siquiera piden, ahora exigen, y se molestan si no les das nada.

  • Me quejo de las cadenas que mandan “previniéndote” de peligrosos virus, prometiendo cambiar tu suerte si mandas un mugroso correo a 10 mil personas, tratando de “sensibilizarte” para que ayudes a gente que no existe, haciéndote creer que eso le pasó a la amiga de una amiga de la vecina, fabricando noticias tontas, conspiraciones mundiales y demás cojudeces. Lo peor es que convencen a medio mundo de reenviar el bendito correo y llenarte la bandeja de entrada.

  • Me quejo de la masificación educativa mal llevada. Que universidades X sigan abriendo facultades de Derecho cuando es la carrera más copada del país. De que hayan centros educativos que son casas (usan de carpeta las tazas de los baños) también de que no haya control sobre estos ineficientes “colegios PRE Universitarios”.

  • Me quejo del imbécil de la seguridad del Congreso que me pedía retirarme del pasillo (por donde la gente transita libremente y no hay restricción) simplemente porque no tenía credencial de prensa, a pesar de que le demostraba que había mil personas sin credencial, además de que le pedí que me mostrara en dónde decía que estaba prohibido estar en el pasillo de tránsito. Lógicamente no pudo hacerme nada. Pero la próxima hago una nota de prensa poniendo en evidencia que “la política de puertas abiertas” del Congreso es una mentira.

  • Me molestan los congresistas en general, realmente son brutos, son bestias, y todos los demás adjetivos.

  • Me quejo de Alan García desde que tengo 4 años, ya voy por los 25 y me sigo quejando. Pero me quejo más de los idiotas que lo hicimos presidente dos veces.
  • Detesto a los que cierran carreteras, hacen paros, tiran piedras. Idiotas. Muchas veces hacen todo el escándalo por intereses personales de algún pendejo que los maneja diciéndoles cosas como “les están quitando su plata, luchen”

  • Me quejo de las iglesias “cristianas” por lavarle la cabeza a sus fieles, haciendo que se crean pecadores, que la Biblia es superior a la constitución y que solo ellos se van a salvar, además de otras tantas miles de estupideces.

  • Me quejo de la Iglesia Católica, siempre me he quejado de ella.

  • Detesto a los tipos obsesivos, celosos en extremo, “dominantes”, manipuladores, golpeadores, machistas solo con sus mujeres. Aunque creo que es culpa también de estas chicas que se dejan hacer todo esto y que encima les gusta.

  • Odio lo consumista de las fiestas, desde octubre empiezan con las campañas navideñas. Odio más tener que estar inmerso en esta cultura del consumo.

  • Me quejo de la gente que se alucina buena por hacer chocolatadas y mandar regalos a pueblos jóvenes, eso no les hace bien a los niños. Está bien estos detalles simpáticos ¡pero hagan algo más! Solo en Navidad se acuerdan.

  • Los “pendejos” peruanos, son tan vivos, pero tan vivos que ellos no pueden hacer la coreografía de “Thriller”, criollos pues. Tarados pues.
  • A los “ricos” y “ricas” de nuestro país. Va un saludo especial, sí para ti, para el que tiene su aretito en la oreja derecha, o para ti, la que mueve las caderas de forma exagerada cuando entras al salón.
  • Detesto a los pobres diablos que pintan las paredes en la calle solo para poner sus nombres o alguna otra tontería (dale U, arriba alianza, Barranco grone, etc). ¡Malogran la ciudad! ¡Anda a pintar tu pared!
  • Me quejo de los casinos, son juegos improductivos que te hacen gastar, o peor aún, te hacen ludópata.
  • Me quejo de no poder dormir en la oficina si me da sueño.
  • Me quejo de los pendejos que defienden los “derechos humanos” de terroristas, asesinos y demás lacras de la sociedad. No hacen más que atentar contra los derechos humanos de ciudadanos honestos y trabajadores.
  • Me quejo de que a la gente no le guste leer y que por eso vaya a tener que terminar esta larga lista de quejas. Por cierto, me quejo también de no tener tiempo para seguir escribiendo.
  • Deja tu queja

domingo, 23 de noviembre de 2008

De olores...


¿Qué es lo peor que te puede pasar al salir de un ascensor? Pregunté a varios amigos, muchos respondieron que caerte, tropezar con tu jefe mientras fugas, encontrarte con tu ex agarrándose a tu jefe (¿qué tienen con el jefe?) o entrar una dimensión desconocida (no preguntar a gente bajo el efecto de drogas). Pero no señores (as), lo peor es lo que me pasó a mi, bajaba del cuarto piso al primero a recoger unas vainas de aquellas del trabajo, ingresé tranquilamente a la caja esa, y una vez adentro, mientras las puertas cerraban velozmente percibí el grotesco olor de un gas fresco que algún desgraciado había soltado antes de bajar y dejarme la posta del encierro. Me llevé rápidamente el brazo a la nariz (felizmente me perfumo todo antes de salir de casa) y solo rezaba pidiéndole a Dios que no haya nadie en el primer piso esperando entrar después de mi.

Dios se quería reír un rato, al abrirse las puertas me esperaba una fémina preciosa, tenía cara de ángel así que no me cabe duda de que fue broma de papá lindo, del cuerpo ni hablemos, tuve tiempo de verla de arriba abajo antes de salir. Me recibió con una espléndida sonrisa, me quedé idiota un rato, hasta que saludó coquetamente: “hola, cómo estás”. Mi nerviosismo habría sido notorio, saqué el brazo de la nariz y salí corriendo pronunciando un tímido “qué tal” e imaginando su cara cambiando la amistosa expresión por una de asco y desprecio al montarse en el ascensor. Solo queda reírse del asunto, de nada sirvió que me ponga la camisa rosada ese día.

El olfato es uno de lo sentidos que más placer me da, pero también aquel que podría generar un movimiento visceral extraño. Muchas veces me remite a recuerdos indescifrables de pura felicidad, una niñez inalcanzable, alguna comida mágica, o un simple olor a libertad campestre. Extrañamente nunca me hace recordar algún hecho poco agradable, quizás no conecté esos momentos con la nariz. Es increíble como puedo volver a “enamorarme” como la primera vez por culpa de algún perfume pasajero, o presenciar totalmente alguna navidad con Legos de regalo, volver a pasear por Tacna, Tumbes, Cuzco, etc. Sensaciones tan reales, a la vez tan fantásticas, y no las puedes agarrar, simplemente las sientes, como el agua cuando se escurre por las manos.

Le escuché a una amiga hace poco, haciendo alusión a aquellos manoseos, medidas de aceite, Spiderman (como le digan aquellos que lo entienden) que se dan las parejas calentonas antes de decir cosas como “solo la cabecita”, “acá no más, nadie nos ve” o “te juro que termino afuera”, que ese acto dejaba olor a lejía ¿lejía? Nunca había escuchado eso, es más, nunca había escuchado a alguien definir ese olor en especial.

Es como cuando algo huele a agua, yo juro que el olor del agua existe, no es mar, ni río, ni piscina, es agua. También porfío que existe el olor a desagüe sucio, a pesar de que muchos me dicen que redundo en la idea; creo que existe el olor a bar, no me digan que es solo cerveza y puchos; el olor de lonchera de escolar es inconfundible, casi siempre lo relaciono con plátanos y jugo de naranja en envase de plástico; por otro lado, me da asco el olor a durazno, lo relaciono con el "mal de altura"; los juegos mecánicos que huelen a fierro son insoportables; los escolares huelen mal, acepten las disculpas del caso, yo fui escolar y creo haber apestado más que ellos incluso, pero fuera de bromas es uno de los olores que no aguanto.

Personalmente me gusta el olor de Barranco en mañanas soleadas, me gusta el olor a verano en Lima, el de Arequipa no me gusta mucho; adoro el olor a lluvia de Huancayo (y el de Arequipa), el de Huaraz no es tan intenso; me acelera el corazón un olor a shampoo que aún no logro encontrar pero sé que lo haré algún día; las calles de Tumbes siempre calurosas, el olor de Puerto Chicama en Trujillo; desayuno en la casa de mi bisabuela, almuerzo y lonche en la de mi abuela, mientras se lava ropa en mi propia casa; más que nada me emociona el olor de mi propia casa al regresar de algún viaje, no sé por qué siempre huele igual, viva donde viva, regrese de donde regrese; y miles de sensaciones olfativas más que pueden ser simplemente mi imaginación.

Este post ya apesta a aburrido, así que lo acabamos acá, empezó a oler a quemado… y de hecho no soy yo.