lunes, 30 de marzo de 2009

No quiero ser un Alfie


No solo tiene nombre de caricatura mal hecha, además es el cachudo más famoso de los últimos tiempos. Pobre niño, tan pequeño y ya se dio de cara con algunas cosas que tenemos que vivir recién a los 20, la primera:

- “Ups, embaracé a mi enamorada, la cagué, y ahora qué le digo a mis padres, no tengo plata para mantener ni a mi perro, aún no sé qué significa cesárea, por qué no usé condones, acabo de conseguir trabajo en pizza hut, mi vida profesional se fue al barro ¿cómo voy a ir a clases con mi hijo? Al menos espero que sea hincha de la U, no me alcanza ni para la bajona, qué le digo a mi trampa, ya no podré pichanguear los domingos ¡me tendré que mudar con su vieja! La tía esa cocina horrible, tengo que elegir a mis familiares con más plata para que sean padrinos, etc.”

La segunda y menos dolorosa por que se va con una borrachera bien hecha, vómitos por todo lado, múltiples rechazos de varias mujeres que estaban cerca y que intentaste abordar sin suerte, quizás alguna que otra lágrima (nunca en mi caso) y tus amigos siempre dispuestos a escucharte (y tener excusa para chupar con alguien) es la siguiente agrupada en una sola:

- Todas las mujeres son iguales.
- Nunca te van a decir el verdadero número de tipos con los que se han acostado, siempre vas a ser el “segundo”, la ley es multiplicar la cifra por 3.
- Van a negar totalmente que fueron infieles hasta que ya no puedan ocultar los sentimientos por “el otro”.
- Tú vas a ser el culpable de todo lo que les suceda, esto incluye el embarazo, por lo que tienes que aguantarles todo, incluso si no eres el padre del niño.
- Que ellas son interesadas, siempre hacen lo que más les conviene.
- ETC, ETC, ETC.

Además, ahora el niño resulta ser un ícono de la degeneración actual (haciendo referencia al genial Pedro Suárez Vértiz), todos los cucufatos hablan de “crisis de valores” usándolo de ejemplo para representar a la supuesta falta de moral. Suele pasar que aquellos personajes, que poco o nada tienen de santos, salen a reclamar a los cuatro vientos por las almas perdidas de estos chicos de ahora. Métanse la lengua a donde mejor les quede.

Lo toman como escándalo y fin del mundo, si tan solo leyeran alguito más que diarios chicha sabrían que, hasta hace poco, eran los niños los que se reproducían, sus mismas abuelas empezaron con la aventura natalicia a los 16 o 17. Claro, eran mujeres, pero aún hay culturas en las que uno se vuelve hombre a los 11 años, y sin derecho a reclamo tienes que buscar esposa para reproducirte lo antes posible (si tu esperanza de vida es de 40 años, no vas a esperar a los 30 para tener descendencia). En la misma Inglaterra están concientes de la libertad sexual que viven sus adolescentes, no se escandalizan, al contrario facilitan alternativas para que los chicos no sufran los estragos de tener hijos a esa edad en la cultura occidental, para hacerlo simple, el aborto en chicas menores de 16 años es legal, les dan aquella opción, qué bueno es tener opciones y poder elegir.

Algunos observarán que el comentario anterior se parcializa con el aborto, palabra prohibida para la iglesia y tanto moralista idiota, creo que es una opción más de las tantas que tenemos, ni que está bien ni que está mal, si quieres tener un niño es tu entera decisión y responsabilidad, y si no lo quieres tener también estás en tu derecho. Tengan en cuenta de que nadie aborta por diversión, las razones para esto son fuertes, desde la imposibilidad económica hasta el hecho de que el pequeño será una carga social casi toda su vida (implicancias psicológicas imborrables). Si tú te quieres aguantar a un hijo en esas circunstancias es tu roche, a pesar de que él o ella no te pidieron nacer (como tampoco pidieron lo contrario) pero no puedes criticar a otros por sus decisiones, menos estigmatizarlos.

No quiero ser un Alfie, aquel enano por “arriola” quedó marcado como un “caracol” cachudo, lento y baboso; la prensa mundial tiene su cara en las portadas cargando al que podría ser su ahijado, ya que tanto cariño le tiene. Ahora me pregunto qué le dirán a ese bebe cuando le cuenten la historia de sus padres y de los 6 quinceañeros, compañeros del barrio, que lo reclamaban como propio (yo me hubiera hecho el loco y se lo dejaba a Alfie no más).

La tercera cosa que aprendió mi estimado chato (me siento identificado con Alfie) es que la mamá siempre tiene razón, nunca se equivoca, ella lo llevó a hacerse la prueba de ADN, y será ella la que lo consuele y lo proteja de aquella mala mujer que jugó con sus sentimientos, pero aún así volverá a meterse con otra parecida, ya que “todas son iguales”, y no le creerá a su vieja cuando le diga “esa chica no te conviene”, y espero que esta vez el muy idiota use condones por que si repite el plato en un par de años, lo van a joder como a mi amigo David (boliviano).

martes, 17 de marzo de 2009

De la sobriedad y otros males

Sufro de ansiedad debido a mi hiperactividad, tengo que estar haciendo algo o si no me aburro terriblemente, eso implica que realice acciones que me ponen en situaciones embarazosas, ridículas, o complicadas. Pero también tengo reacciones inconcientes, manías, taras; una de ellas era “sacarme conejos” (que suenen mis huesos), evolucioné la técnica de tal forma que podía hacer tronar mis articulaciones desde los dedos de los pies hasta la mandíbula (ya abandoné la práctica). El hecho de estar en una fiesta, sea día o noche, celebrando algo, conversar, no bailar, y no hacer nada más que hablar me produce ansiedad, cuestión que hasta hace poco calmaba con el acto inconciente de llevar el vaso a mi boca y tomar lo que haya, normalmente hay licor, por lo que últimamente ya me estaba afectando el no darme cuenta de que el “tic” había progresado. Tampoco es que siempre termine cantando y abrazado de alguien, tirado en el piso, nadando en mi vómito o “meado por los perros”; es más, llego a mi casa solo, parado y conciente. Hago hincapié en algo, no soy un alcohólico anónimo, soy conocido y reconocido.

Hablando en serio, le echo la culpa al contexto, a donde vaya siempre es lo mismo, en las reuniones sociales no falta el trago, cualquier motivo es bueno para meterle cerveza, ron, pisco, vodka, whisky, o todo junto. Es impresionante la cantidad de excusas que uno busca para juntarse a “chupar” ¿me lo van a negar? Nacimientos y velorios, cumpleaños, matrimonios, rompimientos, ilusiones, desilusiones, fútbol, inicio de exámenes, final de exámenes, entrega de notas, primer sueldo, segundo sueldo, despido, primer auto, primer choque, primera infracción por manejar ebrio, cuando te quitan el permiso de conducir por la misma razón, estrés, depresión, alegría, año nuevo, semana santa, fiestas patrias, etc, etc, etc. Ahora me entienden, no es fácil escapar del consumo, no queda libre ningún fin de semana, es simplemente la forma de diversión, al menos en mi contexto.

Bueno pues, decidí controlar mucho mi manía alcohólica, lo increíble fue escuchar quejas a mi decisión, cuando normalmente la gente te apoya y te desea suerte en este tipo de causas relativamente perdidas, muy por el contrario, en mi caso la gente me decía cosas como “tu eres un buen ebrio”, “me caes mejor borracho”, “ahora vas a ser más aburrido”, “¿me estás jodiendo?”, “no nos hagas esto”, “ya no me gustas”, “en verdad te prefiero como eras antes”. Tienen argumentos de peso para decirme eso, realmente estar sobrio es aburridísimo, no lo niego, desde que me puse el límite de 3 cervezas personales como máximo durante toda la noche, veo las cosas de forma distinta, mis comentarios no tienen la misma gracia que antes, me da dolor de cabeza la bulla de los lugares nocturnos, si antes bailaba poco ahora no bailo, y si por ahí de casualidad lo hago no duro más de una canción en la pista, me siento incómodo ahí parado frente a alguien, no me provoca mover el cuerpo como contorsionista, ni siquiera darle vueltas a la chica para ver que tal le queda la minifalda.

Al parecer mi vida amorosa, “gilera”, sexual, de filtreo, etc, murió, desde que vivo sobrio no levanto ni las sábanas de mi cama para dormir. Si de casualidad venzo mi timidez y me acerco a alguien que me atrae no fluye lo que solía fluir, o peor aún, le empiezo a encontrar todos los defectos del mundo, esos que el alcohol borra generosamente para que la reproducción de la especie humana quede asegurada, por último me aburren porque escucho y analizo lo que dicen. Cuando estás ebrio no escuchas, no importa lo que digan, te pueden estar diciendo que alguna vez fue hombre y se operó hace poco pero tu sigues pensando en cómo llevártela al “telo”. Cuando estás ebrio bailas, no sabes ni por qué pero te mueves y hasta te gusta, cuando estás ebrio la desinhibición se hace evidente y le prometes el mar, el cielo y las estrellas, salen palabras lindas de tu boca, todo para llevártela al “telo”. Cuando estas ebrio gastas para embriagarla, eres simpático y gracioso con todas, hasta la defiendes de otros como tú, para llevártela al “telo”. Cuando estás sobrio hablas cosas coherentes y serias, cosa que a las chicas lindas en plan juerga pocas veces les importa. * Nota: esta ley solo aplica en caso de “choque y fuga” o “agarre casual”.

A cambio de eso ya no tengo resaca los fines de semana, aquel cruel castigo de la naturaleza era insoportable, me dan las peores resacas que una persona pueda imaginar, hay momentos en que pido al cielo que me lleve ahí mismo para no seguir sufriendo, no puedo ni dormir para que se me pase, y muchas veces sigo así hasta el lunes. Los domingos en la mañana son bonitos, ya me había olvidado de qué bueno es levantarte y ver el sol resplandeciente sintiendo frescura por la ventana abierta con ganas de un desayuno exagerado y jugos de fruta por todo lado. Tienes familia y ganas de verlos, tienes amigos y ganas de verlos, tienes perro y ganas de verlo, hay fútbol en la tarde y puedes ir al estadio o disfrutarlo en casa sin tener que marearte cada vez que la cámara se mueve rápido. Terminas trabajos o estudios pendientes, se te ocurren cosas nuevas y hasta haces deporte. Todo sería felicidad si no te dieras cuenta de que los demás están resaqueados tirados en su cama, con dolor de cabeza, semi inconcientes, con la endemoniada sed, durmiendo hasta las 3 de la tarde, y sin ganas de que algún idiota sobrio los llame para proponerles salir a correr a la playa, o ir al teatro, o jugar con en el perro en el parque.

Otro problema de estar sobrio es que eres responsable de ti mismo y de los demás, con lo rico que es cuando un ebrio con amigos al lado tiene que preocuparse por no caerse nada más, un sobrio tiene que preocuparse por que no se caigan 6 o 7 personas a la vez, que sus amigas no desaparezcan con algún ebrio despreocupado a algún rincón oscuro, que sus amigos ebrios no pasen vergüenza tratando de levantarse a alguna chica sobria que no le va a hacer caso, o peor aún, controlar que ninguno se escape con alguna chica poco agraciada físicamente y que al día siguiente se de con la sorpresa de estar felizmente comprometido con alguien que se parece a Alejandro Toledo con pelo largo. Evitar que se armen peleas, disculpar a tus amigos que armaron las peleas, recogerlos una vez que han sido golpeados, cuidar billeteras, abrir puertas para que vomiten, contarlos a todos al llegar, dejarlos en donde se deben quedar, por último pagar el taxi porque se gastaron en trago todo lo que tenían.

Así me maldigan por llamar los domingos a las 8 am (disculpen las pobres víctimas) seguiré sobrio por convicción, comodidad, y ganas de seguir vivo (esa resaca me mataría algún día), a pesar de estar aburrido, hacerme cargo de varios, aguantar el vómito de Luchín, gastar más que cuando estoy ebrio, he decidido mantenerme así por mucho tiempo, maldita sea la hora en que dejó de ser divertido el estado etílico.

domingo, 1 de marzo de 2009

De hamburguesas y sanguchones



Me gusta el chimichurri, pero no es tan rico sobre mi ropa, desde ese día le tengo miedo, solo quería comer alguito, encontrar un carrito sanguchero de esos baratos (máximo 5 soles) pero en San Isidro es difícil ubicarlos. Tenía que trabajar, cubrir un evento de la empresa (los sacrificios de un comunicador), y llegamos demasiado temprano. Así que fiel a mi costumbre aventurera salí a buscar algún milagroso pan con algo.

No entiendo por qué la “comida rápida” en el Perú viene a ser una especie de lujo “lorcho”, en realidad es cara para nuestros bolsillos, y pensar que en otros países es solo basura, acá la adoramos y mitificamos. Aunque no niego que tienen un saborcito agradable, especialmente cuando te haces la idea de que debe haber un ratón o rata metida en tu pan. Ese mito tan difundido de que la materia prima utilizada para la preparación de hamburguesas son ratas es un tanto inverosímil, imaginen a un grupo de trabajadores de Mc Donalds persiguiendo animalitos en la avenida más cercana, tendrían que ser bien grandotas para poder producir una Mc doble. O quizás cogen ratas del tamaño de Quimper o Rómulo, extendiendo lo de “rata” hasta el congreso (con minúscula) de la República, ahora entiendo por qué venden tanto, esos animales están gorditos. Más fácil sería criarlas, pero criar ratas, procesarlas y todo, debe ser más complicado que criar vacas y eso. Aunque sí hubo casos en que por ahí se coló un roedor, o se le cayó el diente flojo dentro de la olla, o que el empleado molesto dejó caer alguna colita cimbreante mientras juntaba los ingredientes, pero más allá de eso no pasa.

Entré al Bembos, famosa y reconocida franquicia peruana, que tiene sabores y mezclas interesantes, no podía faltar el chimichurri en el asunto así que pedí una “medium”, otra inteligente forma de discriminar al que menos tiene, o de sacarte más plata para no quedarte mirando al de al lado mientras termina su comida después. Por cierto, ya no existen ni las papas o gaseosas “pequeñas”, “junior” o “small”, ahora se llaman “regulares”, como si regularmente lo que consumes sea de ese tamaño (con disculpas de algunas mujeres) lo bueno de todo es que ya no me dirán “mecha corta” puedo decir que soy regular no más. Maravillas del marketing aplicadas a la vida diaria.

Nunca hubiera imaginado que la grasa chorreaba tanto, mezclada con el jugoso chimichurri, mi ropa tuvo un festín de olor y sabor del cual no me percaté hasta que llegué al hotel completamente empapado (camisa, pantalón y zapatos). Si Mister Bean me viera se sentiría orgulloso de no ser el único idiota echándose jabón de manos a la ropa, en un baño de hotel antes de ingresar a un evento donde todos estaban de lo más pulcros, después de eso pasé por la secadora de manos, y por último apliqué la técnica del halls para el aliento (claro que no funcionó). De haber encontrado un carrito sanguchero nada de eso hubiera pasado.

Esas salvadoras expresiones gastronómicas que te apoyan tanto en las madrugadas juergueras de Lima, o cuando te apetece grasa por kilos, pero sabrosa, esas que se dice “están hechas de cartón” por que definitivamente carne no es, esas que se vuelven íconos universitarios como el “Tío Bigote” de la PUCP o la “Tía Poison” de la Universidad de Lima (pueden ver sus perfiles en el Facebook, aunque creo que el de la tía poison lo han quitado) los famosos sanguchones que no te importa lo que contengan, solo que se vea enorme y con todas las “cremas” que van desde la clásica mayonesa, hasta palta, aceituna, cebolla, o ají de todos los colores (huancaína, ocopa, etc).

También llevan papas, normalmente al hilo, siempre me hacen heridas en la boca, pero un sándwich sin eso no es sanguchón. Por cierto, notarán que tengo problemas para escribir esa bendita palabra ¿cuándo diablos la incluyeron en el diccionario de la Real Academia de la Lengua? Además, al menos en Perú, nadie sabe como se escribe, pueden ver letreros con numerosas combinaciones de letras “sanguich”, “sanwitch”, “sanguche”, sandwuche”, hay de todo y no exagero, pero siempre entiendes que es pan con algo. Regresando a las papas, si tienes suerte te incluyen las de la “salchipapa” esas gruesitas más blandas que solo se colocan si sobraron o si la tía que vende es tu caserita y te “manya”.

Ya con suficiente vergüenza entré a presenciar el evento, por supuesto no me acercaba a nadie que no conociera y menos si esa persona estaba con terno. Pero ¡oh desgracia! Justo una amiga de aquellas que siempre quieres conservar, una persona que tiene mi edad y ya es coordinadora de un suplemento de El Comercio, justo a ella me la tenía que cruzar, le conté lo sucedido, por supuesto las carcajadas sobraron. Claro que lo peor aún no llegaba, al moverme solo unos pocos metros me encuentro cara a cara con simpáticos padres de mi ex, muy bien vestidos ellos, como se debe ir a un evento de esa naturaleza. Yo, además de sudado y apestoso, también estaba manchado con grasa, no se que habrán pensado, yo solo me retiré lo más rápido posible al salón para el cocktail, con 5 pisco sours seguidos, casi se me va toda la vergüenza, digo casi, siempre queda un poco.

Si Gastón Acurio visitó tu sanguchería, siéntete contento, podrás aumentar los precios en un 50%, últimamente una foto con él vale más que un registro sanitario pegado en la pared, en general, cualquier cosa que pise Gastón se vuelve oro, no quieras que te pise a ti también. Lo bueno es que supo describir la rica variedad de “sanguches” que tenemos en el país, la verdad es que le metemos de todo al pan, quiero decir, si le metes un tamal a un pan francés, realmente debes tener una afición maldita por rellenar panes.

martes, 6 de enero de 2009

Clavo que te clavo... ¿la sábana?



Incoherente comentario que tendrá sentido a continuación, aunque con la foto podrán hacerse una idea de lo que hablo (o escribo). El verano no solo trae sol y calor, también ciertos estereotipos, mitos, creencias, diferencias, clasismos, fiestas, fiestas más, viajes, vacaciones, más cerveza, más cebiche, más vida. Revive cuestiones como esas palabritas “cholo”, “huachafo”, “eisha”, “fashion”, y etc de huevadas que toman fuerza en esta época del año. No niego que cada grupo social tiene sus particularidades, sin estas no sería divertido, y vamos a reírnos de experiencias personales mías.

Vamos hasta Asia, mi primera experiencia en este balneario rankeado a nivel mundial, hace algunos años nos fuimos de juerga a la casa de un amigo que gastó sus buenos dólares invirtiendo en una “casita” que huele bien, aunque de playera no tiene nada. Me parece absurdo que vayas a la playa y pidas, por favor, que no metas arena a la sala ya que la empleada ha trapeado, encerado y lustrado el piso; tienes agua caliente, agua helada, aire acondicionado, muebles impecables, comida provista por Wong, tele, DVD, Equipos de sonido, computadoras, gps, refrigeradoras, luz. Al menos yo no le encuentro la gracia de estar ahí si es lo mismo que tu casa. Qué lindas son esas casitas acogedoras que tienen catres de cemento pegados a la pared, las cortinas hechas de conchitas recogidas por los niños y no compradas de oferta en “todo terrazas de Saga”, que los asientos sean troncos de por ahí, y que tengas que quitarte la arena con balde (que contiene agua de mar).

Lo más genial de todo fue al momento de salir a las discotecas, he disfrutado de otras playas antes, pero el tratamiento de imagen que te tienes que dar acá es impresionante, en otro lado simplemente sales con el mismo short y un polo limpio, las clásicas sandalias y estás listo para todo. No en esa casa, todos menos yo y un amigo (éramos como 9 hombres) se pusieron zapatos, pantalón y camisa, y no es que yo use la ropa más barata que existe, pero no concibo aún la juerga playera con más ropa que el short y las sandalias. De hecho ellos acertaron en el vestuario, ya que solo nos dejaron entrar a “Juanito” (en esa época) por cierto, era extraño ver chicos vestidos como yo. Claro que he vuelto al boulevard, y claro que ahora me visto dependiendo de a dónde voy a entrar, pero me sigue pareciendo una “huachafada”, compensa la sensacional vista que ofrecen estos centros nocturnos (no me refiero al paisaje marino).

Ahora bajemos un poco, a nivel de carpa. Me encanta acampar, pero no en esas playas y de esa forma. El último año nuevo aprecié con desagrado a los cientos de campistas en el lugar donde estuve (y estaré), carpas abarrotadas que no dejaban espacio para caminar, todas apiladas una al lado de otra. Lo peor fue el recuerdo que dejaron en la arena, no exagero al decir que habían desde toallas higiénicas usadas, pasando por pañales sucios (¿quién lleva a un bebé de campamento en esas condiciones?) botellas, ollas, zapatillas, gente que seguía tirada ahí por alguna razón, fue un escenario vergonzoso para la raza humana. Ensucia tu casa, recoge tu basura ¡sé responsable y considerado! Y es por esto que no los dejan entrar a playas “privadas”, luego se quejan y hacen marchas pidiendo accesos libre, tienen razón muchos vecinos que cuidan ese espacio de gente como esa (sin importar raza, condición social o etc, cuando te cuesta lo cuidas) quiero ver a Gisela con sus “trabajadoras del hogar” bañarse en el mar luego de un campamento masivo.

Ahora rajemos sobre mi sábana blanca. Llegó un grupo de desadaptados a un espacio tranquilo, tranquilo por que el club está en la orilla, el grupo de anormales entró sin roche con 6 botellas en la mano, con el polo sucio del día anterior, y cargando algo blanco, además dos antorchas tipo “luau”, éramos la sensación del lugar, las tías gordas y viejas voltearon escandalizadas, los chicos de la sombrilla “Quicksilver” estaban con la boca abierta (como si no supiéramos que era sombrilla bamba) las rubias de la izquierda miraban con una mezcla de asco e interés, y nuestras fieles amigas simplemente ni nos miraban, solo se fueron más lejos.

Al colocar esta singular protección contra el sol y poner la cerveza en la arena caliente creímos que estábamos haciendo tonterías, sin embargo una vez sentados bajo la sábana que flameaba con el viento nos dimos cuenta de que era una de las mejores ideas que tuvimos para el verano. Dábamos el toque de distinción, el blanco en verano es super fashion, las antorchas de luau se ven regias y en la noche debe ser mejor todavía (a menos que se prenda la sábana), y que había espacio para 4 personas bien sentadas. Patentamos nuestra creación y no prometemos venderlas ni producirlas en masa, simplemente ser la sensación de este verano, sacar alguna canción pegajosa que describa a nuestra blanca sábana y disfrutarla plenamente en todo el sur. Todo lo que hace que algún sonso se olvide la sombrilla.

Falta el cebiche de un sol (S/.1.00) que encontramos al salir de la playa sin habernos mojado, cebiche de pota en carretilla sin ácidos, porque tu puedes ver cómo lo preparan, y se me hace agua la boca aún de recordarlo, me comí dos platitos yo solo, o sea que el carretillero sacó como 10 soles gracias a nuestro fino paladar. Juro por la Sarita que siempre había visto a estos personajes con sus cubos de vidrio de lejitos no más, no pensé jamás en consumir algo de ahí, ahora no me arrepiento y juro que le volveré a consumir al caserito buena gente.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Bendita Navidad


“Campana sobre campana y sobre campana una”. ¿Una que? Siempre me lo he preguntado, igual no importa, la canción pierde sentido luego de escucharla tantas veces en un mes, la andanada de villancicos recibidos en diciembre es casi asesina. Bueno fuera escucharlas únicamente en el formato original, desgraciadamente hay que aguantarlas hasta en las malditas lucecitas de navidad, esas que adornan las casas y las hacen vistosas, además de peligrosas (puedes morir electrocutado o incendiado por un corto, además de tropezar con los cables y desnucarte) tienen el tortuoso sonido de una caja musical con las malditas cancioncitas repitiéndose constantemente de manera interminable.

Pero el espíritu navideño nos invade y el sentimiento de paz y amor es reemplazado por la histeria comercial de fin de año, seamos realistas, lo importante de esta fiesta es compartir pero compartir regalos, ese poquito de sueldo que obtienes en diciembre te lo tienes que gastar, y si no gozas de gratificación te gastarás el sueldito de enero, febrero quizás, y más allá. Ripley, Saga y cuanto almacén haya se convierten en mercados de la peor calaña, en esta época es más agradable comprar en “La Parada”, hay menos ladrones (todos se reparten en otras zonas estratégicas) huele mejor (en verano todos apretaditos en esos Bunkers sin ventanas es alucinante) hay más orden (la gente es capaz de arrancarse las cosas de las manos o dejarlas tiradas por cualquier lugar) mayor variedad y mejor abastecimiento ( el día 25, cuando todos estrenan ropa nueva, si es que encontraron algo “bonito”, salen a la calle a lucirla y pueden notar la gran coincidencia de gustos que existe) mucho menos ruidoso y caótico (entrar a un centro comercial marea) y lo mejor de todo es que no aceptan tarjetas de crédito (nos mandan a la quiebra con esas deudas, si no tienes efectivo no te lo llevas).

A ver trata de salir de tu casa y llegar temprano a algún lado, tráfico del mal que no necesita mayor descripción. A ver trata de tomar un taxi y que te cobre lo “normal”, es que por navidad pues. A ver que no te pare un policía con cualquier excusa para pedirte para el panetón. A ver que no te asalte una pandilla de niños con cara triste en las esquinas para pedirte plata, si les das otra cosa te escupen. Otra cosa, está prohibido morirte o sufrir algún accidente en esta época, son fiestas, no la cagues. Puedes morir en noviembre, no hay roche ¿pero en diciembre? No te pases, ni a Dios le va a gustar, te va a decir lo mismo: “justo en fiestas se te ocurre”.

Productos pirotécnicos, me gustaba el olor a pólvora y lo identificaba plenamente con esta época, claro que son peligrosos estos juegos, por culpa de algunos niños medio trastornados que jugaban con ratas blancas y demás, prohibieron la diversión de reventar mis soldaditos de plástico y hacer bulla sin que nadie me diga nada, pequeñas explosiones que valían toda una noche buena sin dormir. Cuando eres “grande” ya no es lo mismo, no te emocionas igual, no esperas las sorpresas, es mejor si te regalas tú mismo las cosas, ya no abres regalos en el árbol nevado, ya te cuidas al comer, te das cuenta de que es incoherente tener un árbol nevado en tu casa mientras tu estás en short y sandalias.

Lo mejor que se puede hacer es “relajarse”, pregunta qué quieren antes de regalar, ahorra todo el año para este mes, no tengas hijos, no tengas enamorada (sale carísimo), no comas mucho porque te puedes indigestar, seguir la onda gringa de la época, andar con poca plata en el bolsillo pero sin olvidar las coimas al policía, no te mueras ni te accidentes, consíguete un hueco caleta para comprar tu cohetecillo, y date cuenta de que esto se repetirá una y otra vez por el resto de tu vida, y cambia la letra al villancico para darle mayor originalidad: “tu hermana sobre mi caaaamaaa y sobre tu hermana otraaaa”.

domingo, 23 de noviembre de 2008

De olores...


¿Qué es lo peor que te puede pasar al salir de un ascensor? Pregunté a varios amigos, muchos respondieron que caerte, tropezar con tu jefe mientras fugas, encontrarte con tu ex agarrándose a tu jefe (¿qué tienen con el jefe?) o entrar una dimensión desconocida (no preguntar a gente bajo el efecto de drogas). Pero no señores (as), lo peor es lo que me pasó a mi, bajaba del cuarto piso al primero a recoger unas vainas de aquellas del trabajo, ingresé tranquilamente a la caja esa, y una vez adentro, mientras las puertas cerraban velozmente percibí el grotesco olor de un gas fresco que algún desgraciado había soltado antes de bajar y dejarme la posta del encierro. Me llevé rápidamente el brazo a la nariz (felizmente me perfumo todo antes de salir de casa) y solo rezaba pidiéndole a Dios que no haya nadie en el primer piso esperando entrar después de mi.

Dios se quería reír un rato, al abrirse las puertas me esperaba una fémina preciosa, tenía cara de ángel así que no me cabe duda de que fue broma de papá lindo, del cuerpo ni hablemos, tuve tiempo de verla de arriba abajo antes de salir. Me recibió con una espléndida sonrisa, me quedé idiota un rato, hasta que saludó coquetamente: “hola, cómo estás”. Mi nerviosismo habría sido notorio, saqué el brazo de la nariz y salí corriendo pronunciando un tímido “qué tal” e imaginando su cara cambiando la amistosa expresión por una de asco y desprecio al montarse en el ascensor. Solo queda reírse del asunto, de nada sirvió que me ponga la camisa rosada ese día.

El olfato es uno de lo sentidos que más placer me da, pero también aquel que podría generar un movimiento visceral extraño. Muchas veces me remite a recuerdos indescifrables de pura felicidad, una niñez inalcanzable, alguna comida mágica, o un simple olor a libertad campestre. Extrañamente nunca me hace recordar algún hecho poco agradable, quizás no conecté esos momentos con la nariz. Es increíble como puedo volver a “enamorarme” como la primera vez por culpa de algún perfume pasajero, o presenciar totalmente alguna navidad con Legos de regalo, volver a pasear por Tacna, Tumbes, Cuzco, etc. Sensaciones tan reales, a la vez tan fantásticas, y no las puedes agarrar, simplemente las sientes, como el agua cuando se escurre por las manos.

Le escuché a una amiga hace poco, haciendo alusión a aquellos manoseos, medidas de aceite, Spiderman (como le digan aquellos que lo entienden) que se dan las parejas calentonas antes de decir cosas como “solo la cabecita”, “acá no más, nadie nos ve” o “te juro que termino afuera”, que ese acto dejaba olor a lejía ¿lejía? Nunca había escuchado eso, es más, nunca había escuchado a alguien definir ese olor en especial.

Es como cuando algo huele a agua, yo juro que el olor del agua existe, no es mar, ni río, ni piscina, es agua. También porfío que existe el olor a desagüe sucio, a pesar de que muchos me dicen que redundo en la idea; creo que existe el olor a bar, no me digan que es solo cerveza y puchos; el olor de lonchera de escolar es inconfundible, casi siempre lo relaciono con plátanos y jugo de naranja en envase de plástico; por otro lado, me da asco el olor a durazno, lo relaciono con el "mal de altura"; los juegos mecánicos que huelen a fierro son insoportables; los escolares huelen mal, acepten las disculpas del caso, yo fui escolar y creo haber apestado más que ellos incluso, pero fuera de bromas es uno de los olores que no aguanto.

Personalmente me gusta el olor de Barranco en mañanas soleadas, me gusta el olor a verano en Lima, el de Arequipa no me gusta mucho; adoro el olor a lluvia de Huancayo (y el de Arequipa), el de Huaraz no es tan intenso; me acelera el corazón un olor a shampoo que aún no logro encontrar pero sé que lo haré algún día; las calles de Tumbes siempre calurosas, el olor de Puerto Chicama en Trujillo; desayuno en la casa de mi bisabuela, almuerzo y lonche en la de mi abuela, mientras se lava ropa en mi propia casa; más que nada me emociona el olor de mi propia casa al regresar de algún viaje, no sé por qué siempre huele igual, viva donde viva, regrese de donde regrese; y miles de sensaciones olfativas más que pueden ser simplemente mi imaginación.

Este post ya apesta a aburrido, así que lo acabamos acá, empezó a oler a quemado… y de hecho no soy yo.

domingo, 16 de noviembre de 2008

De por qué no me gustan las discotecas...

Empecemos con el más cruel de los castigos necesarios para no morir socialmente en esta movida ciudad. Tienes que ir a una discoteca porque la buena gente de tu amiga supuso que era el lugar ideal para pasar su cumpleaños. Claro, pensó en todo, como se nota que pensar para ella es un proceso casi nulo. Primero, te cobran entrada, para entrar a un lugar en donde no te dan ni las gracias tienes que pagar y ahí no difieren en si es para público A, B, C, D, E ni Z, tus 20 soles te cuesta fácilmente en cualquiera de estos establecimientos.

Pero tu amiga pensó en todo, y para los misios como tú existe “la lista” aquella hoja de papel que maneja el VIP, que se cree VIP realmente, en la cual está un nombre impreso que te otorga un pase gratis hasta las 11, sí, no puedes llegar ni un minuto más tarde, pagarías doble. Para ingresar antes de la hora acordada tienes que pasar por la respectiva cola, aborrezco hacer colas para cualquier cosa, pero para entrar a “divertirme” a un lugar ya es el colmo. Mientras estás parado como un imbécil afuera, o cagándote de frío por que fuiste con poca ropa (más en el caso de las mujeres) o mirando si hay alguna posible víctima solitaria (más en el caso de los hombres), hay otros que pasan al toque, con un saludo al administrador, al VIP, o a la que vende cigarros. Es que ellos son asiduos concurrentes, o son chicas bonitas, o son tipos con plata, o son jugadores de fútbol, o son Oscar Ysla.

Por fin entraste, luego del desfile de afuera toca el desfile de adentro puesto que para eso es el disfraz y maquillaje de ellas y la posería y lo pelos parados de ellos. A actuar se ha dicho, es quizás eso lo que más me incomoda de las discotecas, todo es tan falso como el ambiente en donde bailas. Si vieras el lugar con las luces prendidas te darías cuenta que no es más que un hueco feo en donde tú juras que las estás haciendo, si prendieran las luces en ese instante y quitaran la música verías que el atractivo físico de muchos es gracias a la falta de iluminación del lugar, que se están moviendo de forma ridícula más que sexy, que sus miradas conquistadoras no son más que súplicas para que alguien les haga caso.

El trago, principal motor de mi diversión, es algo que no puede ser ajeno a estos centros nocturnos, acá también le ponen una fuerte dosis de “posero” al asunto. Cómo es posible que vendan una cerveza personal a 10 soles ¡la maldita cuesta S/. 2.50! encima te empujan la Barena ¡nadie en su sano juicio pide Barena jamás! pero si vas a una discoteca no tienes elección, es un robo descarado. No preguntes por el whisky o el vodka, S/.150 por un red label es una de las jodas más graciosas que he visto, o quizás ese champagne de S/.1000 que me hizo reír un rato. Hay que ser demasiado imbécil para comprar un champagne ahí a ese precio. En Aura te venden Brhama, nunca me ha gustado esa cerveza, pero en Aura te venden Brhama, no te queda otra.

Y en donde sea te meten el cuento, una jarra de cerveza a S/.21, la desgraciada tiene la mitad de agua y la mitad de cebada, eso fue en una discoteca en Los Olivos, juro que no volveré únicamente por la calidad del servicio y porque está caro. Servicio, es algo nulo en cualquier discoteca, no por que no lo intenten, sino por que es imposible dar un buen servicio ahí. La gente está tan apretada que puedes sentir el sudor de todos, no entiendo por qué les gusta eso, el contacto físico los debe estimular, a mi me parece incómodo no poder caminar tranquilo.

Otro punto es la estruendosa música, con el volumen al tope no se puede conversar, queda claro entonces que temas interesantes no van a fluir ahí, cero tranquilidad, y más aburrimiento, en especial para mi que hablo tanto y de todo (eso no es sarcasmo). Quizás por eso me gusten más los bares, las ideas van y vienen, los debates se hacen apasionantes y el trago suelta la lengua, el trago es más pagable por cierto. Pero qué hueco ese lugar llamado discoteca, siempre son los mismos rituales, no se renueva nada, todas las noches lo mismo, he podido visitar muchas, de todo tipo. Lo peor es que quiera o no volveré a ir, claro que no tanto como a mis amados bares, pero alguna buena amiga hará su fiesta ahí y yo diré “carajo”, me pondré la camisa, pasaré por la lista, verán mi nombre, me harán pasar, pagaré una chela con mi tarjeta dorada para hacerme el panudo (depende donde esté y con quien) miraré a todo lado, me aburriré a las 2 horas a menos que pueda gorrear trago a alguien y me iré. Por otro lado, si es que en algún lugar hubo previos y de verdad llegamos a ir a la discoteca no me interesará el lugar ni la bulla ni nada, gracias a la magia del alcohol.

Pequeño video que grafica un poco...